Odiar es fácil. No hay que conocer a una persona para rechazarla. Amar es más difícil. Implica curiosidad, escucha, valentía y, a veces, riesgo. El odio es inmediato. El amor necesita tiempo. En un mundo programado para enfrentarnos, elegimos escribir cartas de amor. Ver personas donde otros quieren que veamos solo enemigos.